Transformándome en Raven

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¿Cómo llegue a esto?

En algún momento esta pregunta rondaba mi cabeza constantemente. Repasaba todas y cada una de las decisiones, en mi mente retrocedía mis pasos hasta el momento en que decidí convertirme en Raven.

Todo comenzó hace algunos años ya, siendo una adolescente bastante precoz, si así quieren llamarlo, pero a pesar de ello siempre tenía miedo de siquiera pensar lo que en realidad me gustaba. Y es que siempre consiente- e inconscientemente- sabía que lo que más me agrada era el trato “rudo”.

Viniendo de una familia estricta, y con valores, principios y religión muy marcados, la mayoría del tiempo me sentía culpable, sucia e incluso llegué a nombrarme loca.

Buscaba parejas con una edad mucho mayor a la mía. ¿Por qué? Porque eso me hacía sentir más controlada. Al encontrar el tema BDSM todo fue una explosión total en mi cabeza, y más aún cuando lo practicaba sin siquiera saber que se llamaba así. Busqué varios libros sobre el tema, investigué, me informé, mucho antes de aventarme al juego real.

Así fue como incursioné como una sumisa virtual; aprendí mucho, tal vez no las sensaciones reales, pero sí cada característica, recomendación e información sobre las prácticas que llamaban mi atención. En ello duré aproximadamente año y medio, hasta que decidí dar el paso inicial para acabar con el monitor y empezar a vivir en el mundo real.

Aún recuerdo que mi primer acercamiento a algo más tangible y “real” fue la comunidad virtual de Calabozo. No sabía nada. Tampoco entendía nada, pero decidí enviar mi solicitud para ingresar. Al entrar y darme cuenta de que no era la única con esos gustos fue un gran alivio; por lo menos ya no me sentía tan loca.

Siempre intentaba mantener un perfil bajo: miraba pero nunca comenté nada y entonces lo vi. El banner que anunciaba una fiesta BDSM: “la fiesta de fin de año” de Calabozo. Y fue ahí donde todo cambió.
No tenía nada que ponerme, ningún atuendo, ni siquiera lencería, nada. Sólo un vasto armario lleno de negro. Pantalones y blusa escotada. Honestamente parecía una trabajadora de funeraria nada sexy (o así me consideraba yo). Usaba mi nombre real, así de verde estaba.

Llegué al lugar de la fiesta y yo me sentía emocionada pero también muy, muy nerviosa. Recuerdo ver las primeras caras de los que ahora son mis compañeros de comunidad, y algunos de ellos mis amigos, preguntándome quién era y solo respondía soy T (por trollcito).

Mi cabeza recibía mil imágenes por segundo que me hicieron pensar: ¿Qué coño hago aquí?

No conocía a nadie, no hablaba con nadie y mucho menos sabía que instrumentos eran los que observaba por ahí en las sillas, no sentí en ningún momento miedo, pues Calabozo es una de las comunidades que más confianza generan, y nunca me sentí agredida, acosada o incómoda a pesar de la desnudez de varios.
Trascurrieron las horas y por primera vez miré mis hermosas muñecas adornadas con unos grilletes de metal, bastante pesadas, y un grillete en el cuello como collar. Charlaba con mis primeros amigos que son pareja y tuve mi primera sesión por no más de una hora.

Entonces y sólo entonces, en ese preciso momento, mí vida, mi visión, mi persona, mis ideas y lo que era cambiaron por completo. Las sensaciones que tuve en esa primera fiesta fueron un parteaguas para lo que decidí ser: una sumisa. Una sumisa llamada Raven Cerise.

Raven Cerise Lepfrand

Raven Cerise Lepfrand

Sumisa, practicante de BDSM real y virtual desde hace cuatro años aproximadamente.
Fanática del café, los libros y los cigarrillos, de carácter peculiar pero sobre todo de una honestidad brutal.
Raven Cerise Lepfrand

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